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Combustibles bajos en azufre: un nuevo rumbo para el transporte marítimo

junio 16, 2025
Mercedes Fariña Salguero

El cambio que está limpiando los mares

En enero de 2020 entró en vigor una regulación internacional que ha supuesto un antes y un después para el transporte marítimo: la norma IMO 2020. Esta iniciativa de la Organización Marítima Internacional (OMI) limita el contenido de azufre en los combustibles marinos a solo un 0,5 % m/m (masa por masa), frente al 3,5 % anterior.

Puede parecer un cambio técnico menor, pero tiene un impacto directo y positivo en la calidad del aire que respiramos. Y también implica una transformación significativa para las empresas navieras, los puertos y la logística global.

Buque en mar tras implementación IMO 2020

¿Por qué era necesario reducir el azufre en los combustibles?

La contaminación invisible del mar

Hasta hace poco, los barcos utilizaban combustibles con un alto contenido en azufre. Cuando estos combustibles se queman, liberan óxidos de azufre (SOx), unos gases que, además de ser perjudiciales para la salud humana, contribuyen a la lluvia ácida y al deterioro de los ecosistemas marinos y costeros.

En algunas zonas portuarias, los niveles de contaminación provocados por el tráfico marítimo eran comparables a los del tráfico urbano intenso. Esto afectaba especialmente a las comunidades costeras, expuestas diariamente a emisiones nocivas.

Un respiro para el planeta

La entrada en vigor de la norma IMO 2020 ha reducido drásticamente las emisiones de SOx procedentes de los buques. Según datos de la propia OMI, se calcula que esta medida evitará más de 570 000 muertes prematuras en todo el mundo durante los próximos cinco años.

¿Cómo se adaptó el sector marítimo?

Nuevos combustibles, nuevas soluciones

Para cumplir con esta normativa, las navieras tuvieron que adaptarse rápidamente. Las opciones más comunes fueron:

Cambiar a combustibles bajos en azufre (LSFO), que cumplen con el nuevo límite.
Instalar depuradores (scrubbers), que eliminan el azufre de los gases de escape.
Apostar por combustibles alternativos como el gas natural licuado (GNL), que no contienen azufre.

Inversión y compromiso a largo plazo

Este cambio no ha sido sencillo ni barato. Ha requerido inversiones en tecnología, formación del personal y rediseño de rutas y operaciones. Pero también ha reforzado el compromiso del sector con un transporte más limpio, eficiente y sostenible.

Instalación de depuradores en un buque

Beneficios que van más allá del mar

Mejora de la salud pública

Menos azufre en el aire significa menos enfermedades respiratorias, menos hospitalizaciones y una mejora directa en la calidad de vida de millones de personas.

Mayor competitividad y reputación

Las empresas que han sabido adaptarse rápidamente a esta normativa no solo cumplen la ley: también están ganando ventaja competitiva. Operar de forma más sostenible mejora la reputación de la marca, atrae a clientes conscientes y abre la puerta a nuevas oportunidades de negocio.

Y ahora, ¿qué viene después?

IMO 2020 ha sido solo un primer paso. La transición hacia un transporte marítimo más verde continuará con nuevas regulaciones sobre eficiencia energética, combustibles renovables y huella de carbono.

En este escenario cambiante, estar informado y preparado no es una opción: es una necesidad estratégica.

Elegir combustibles bajos en azufre no solo es obligatorio. Es una decisión que habla del futuro que queremos construir: uno donde el comercio siga avanzando, pero sin dejar una estela de humo tras de sí.



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