Como ya comentamos en el anterior artículo, el petróleo que utilizamos en nuestro día a día no es el mismo que se extrae del subsuelo. El crudo debe ser procesado para separar sus componentes y convertirlo en un producto útil, y para ello se deben seguir varios pasos.
Consiste en calentar el crudo a temperaturas muy altas para que se evapore. A medida que los vapores ascienden por una torre de destilación, se enfrían gradualmente y se condensan en distintos niveles según su punto de ebullición. Así se separan los componentes por peso y densidad en el siguiente orden:
Después de la destilación, el crudo separado entra en etapas donde las moléculas se rompen, reestructuran o combinan para generar productos más valiosos.
También debemos tener en cuenta que la proporción de cada producto depende tanto del tipo de crudo como de la configuración tecnológica de la refinería.
En resumen, la refinación es un proceso invisible pero esencial para que el mundo moderno funcione. De este proceso complejo se derivan productos que usamos a diario, como la gasolina, el diésel, el fuel oil o el queroseno, entre otros. Se trata de un proceso que transforma un recurso natural sin uso directo en la energía que mueve vehículos, fábricas, hogares y ciudades enteras.